Entradas

Recuerdos del paladar

Imagen
26 de noviembre de 2023 Paralelas con océano Ponía el cambur titiaro   — el chiquitín —   en el redondel hecho de harina, huevo, poquita sal y leche. Lo cubría con otro y sellaba. Su «niño envuelto» se unía al resto en la bandeja y, ya en el horno, adquiría sentido y sentidos. Una aleación de azúcar y canela para arrullar. El calor almibaraba a ese pequeño, cobijado, moreno y tierno… listo para mí. Eso, entonces, de aquel lado del Atlántico.   A la mezcla de harina, huevo y leche, el toque de sal. La sartén esperaba para reflejarla, para que una tela sedosa delgadísima y a ratos tostada —con cráteres lunares— solazara después la miel de flores. Enrollar en la bandeja, donde el azúcar esperaba a la «filloa», excelsa, que absorbía y derramaba el zumo.   Eso, también entonces, de este lado del Atlántico.   Las abuelas tocaron mi historia para siempre. La andina. La gallega. Ambas buenas en los fogones. Finas hilanderas que me enredaron con delicadeza...

Hoy, de ocho a tres

Imagen
6 de octubre de 2023 Entonces, caí en la cuenta de que me parecía a mi madre. O, más bien, a esas mujeres en edades maduras que pueden ponerse a hablar con cualquier persona sin conocerla y casi con alegría. E sto me espantaba no hace mucho tiempo. La mujer entró al vagón del metro con dos carros de compra, perdió la rueda de uno y, mientras la ajustaba, la ayudé a sostener el otro carro. Me dijo que iba a por comida en un centro de ayuda social; a la espera de empleo, a los cincuenta y un años nadie le da trabajo, ni para la limpieza, no tanto por edadismo, como supuse, identificándome con las nuevas etiquetas sociales, sino porque es gitana...     Reparé en que nunca había hablado con una persona que se definiera como gitana. Y tampoco, en España, con una mujer adulta que me dice haber aprendido a leer y escribir recientemente, orgullosa de conseguirlo.  Agregó, despidiéndose, que ninguna penuria importaba porque su marido es muy bueno. Le dije, segura y consciente...

Mari

Imagen
9 de septiembre de 2023 Con Mari no he charlado tanto como me gustaría. Cuando lo hago, consigo hondura y la percepción de que escucha, de que escucha bien. Hace tres años me mostró la pequeña bodega donde pensó criar conejos. Le pedí que me dejara tomar fotos y, paciente, me observó hacer mis pinitos. Una ventana añosa me pareció un buen motivo, así que mostrándole el producto me dijo que debía seguir «viendo», que sacara todos los artistas dentro de mí. Desde ese día la vi, a ella, y de otra forma.   Desprendida del cuidado de su padre y de su suegro —veinte años: con párkinson uno, el otro con alzhéimer—, al fin tiene tiempo, todo el tiempo para lo que quiere vivir: viajar con José, practicar yoga, hacer senderismo por las rutas de la Ribeira Sacra, ver películas y leer, que le encanta. Quizá esté mal decirlo, pero casi la hemos felicitado por su liberación.  Durante esos días quedé en que le enviaría algunos de mis textos, y las ocasiones en las que me acord...

Unos rápidos para el Cercanías

Imagen
18 de junio de 2023 No hay veda ahí Se besan sin pausa. De Chamartín a Las Rozas y de Las Rozas a Chamartín. Al principio los veía furtivamente, luego con descaro. El revisor, que ya no revisa, al principio miraba, nos guiñaba cómplice; ahora no. Entonces, un día, ayer, decidimos que era mejor besarse, no ignorar que no hay veda. Nos besamos; todos lo hacemos. Aquella con su amigo; esos con estos; tú con tu perro y, los ciervos del Pardo, entre berreos y la berrea, aprendieron a besar.  ¿Y tú?  — preguntas —. Yo tengo el dorso de mi mano. Te beso ahí.                                                                                                                            ...

La lupa

14 de mayo de 2023 Si tras la muerte de María Kodama se hubiera descubierto que murió sin testar, la humanidad habría quedado perdida.    La viuda de hace unos días o la difunta de hoy lo entendió claramente desde el principio. Así que dispuso lo necesario para no hacer nada al respecto. Podía haberlo previsto décadas atrás, hace media centuria quizá, pero tomó la decisión desde que él quiso quedarse en Ginebra.    Si el cuerpo estaba en una ciudad que amaba, una ciudad que lo mostraba libre, ¿por qué debía amordazar la obra? El legado más inalcanzable, las palabras que significaban y las que no, tan expuestas, interpretadas y vulneradas en pensamientos tuiteros que las equilibraban con mensajes de autoayuda de tarjetas Hallmark que a él hacían reír y llorar, y de las que fue nombrada heredera universal, custodia permanente, se quedarían a expensas de las mejores y peores decisiones. De ella, de ella no era nada.   Sin duda: la humanidad estaría perdida.  ...